Maru Campos y el pacto firmado por Juárez; misión de Estado y amor por Chihuahua
Lo que da esperanza a Ciudad Juárez es que el recurso federal ahora sí llegue a Chihuahua para potenciar a Juárez con infraestructura estratégica: carreteras, trenes, aeropuertos funcionales, conectividad logística, energía y agua suficientes, así como climas laborales óptimos y tranquilos, donde el desarrollo humano no sea un discurso, sino el objetivo final de toda estrategia económica. La ciudad más productiva del norte no puede seguir cargando sola con el peso de su propio crecimiento.
El acuerdo no nace en el vacío. Es consecuencia de una visión construida con base en la reforma a la Ley de Desarrollo Económico del Estado aprobada en 2022, donde se fortalecieron figuras como el CODECH y los CODER para descentralizar la planeación económica e incorporar al empresariado, la academia y los municipios en las decisiones. Ese modelo de “cuádruple hélice” ha permitido que Chihuahua planifique con seriedad y ofrezca certidumbre a los inversionistas.
Este tipo de estrategia se inspira en ejemplos internacionales que han apostado por el conocimiento y la gobernanza sólida. Taiwán, por ejemplo, destina cerca del 20% de su gasto público a educación, mantiene altos niveles de inversión y garantiza un Estado de Derecho confiable. Suecia y Finlandia, por su parte, invierten más del 3% del PIB en innovación con fuerte participación del sector privado. No es casualidad que lideren los rankings mundiales de competitividad.
Chihuahua no compite con el centro, compite con el mundo. Y necesita condiciones equivalentes. Juárez tiene más de 300 mil empleos industriales, pero sufre rezagos estructurales: más del 50% de sus calles están sin pavimentar, sufre carencias en conectividad ferroviaria, escasez hídrica y saturación fronteriza.
Hoy lo que vemos es una visión de política con rostro de mujer, porque ni el expresidente ni el exgobernador de Chihuahua supieron llevar más allá de sus intereses partidistas la oportunidad de apostar por el desarrollo de esta tierra. Esta vez no hubo cálculo, hubo compromiso. Porque para la elección de 2027, queda claro que Chihuahua se defiende y Chihuahua no se entrega. Hay colaboración, sí. Pero no entreguismo.
Este pacto es un nuevo comienzo en la relación institucional entre Chihuahua y la Federación, al menos en lo económico. Ojalá la presidenta también lo refleje en lo político. Porque cuando el amor por la tierra pesa más que el miedo al adversario, nace el verdadero federalismo. Ese que no se firma por protocolo, sino por convicción.