
Posverdad
Con la mirada fija en el regreso a clases, la instrucción fue clara: nadie sin vacuna. Una orden que puede sonar dura, pero que políticamente funciona como un doble golpe: posiciona a Maru como autoridad decidida y, al mismo tiempo, la blinda ante eventuales críticas si el brote se agrava. En tiempos donde el control sanitario se vincula con la gobernabilidad, la salud pública es también capital político.
Pero el verdadero mensaje no está en la cartilla, sino en el terreno. Maru apuntó también a los empresarios agrícolas que emplean jornaleros —muchos de ellos provenientes de comunidades vulnerables— para que vacunen a sus trabajadores y a los menores que les acompañan. No fue una sugerencia, fue una advertencia: o vacunan o se exponen a sanciones.
Ese tono directo no es casual. La mandataria ha entendido que la tibieza no sirve cuando se trata de salud ni cuando se aspira a más. Y en su equipo ya ven que cada crisis puede ser también una oportunidad de mostrar fuerza institucional… o falta de ella.
Con esto, Maru Campos se planta en modo “jefa del estado” frente a un brote que ya rebasó lo anecdótico. El sarampión pone a prueba al sistema de salud estatal, pero también al liderazgo de quien lo dirige. Y, al parecer, la gobernadora está dispuesta a tomar el bisturí con firmeza.